16 de diciembre de 2009

¡Digan hola al Tawa!

Grandes noticias, apreciados amigos.

Recientemente salió a la luz una nueva especie de terópodo triásico pero no uno cualquiera. Se trata de uno muy primitivo, estando emparentado con el Herrerasaurio ischigualastensis y con los neoterópodos basales. Descubierto en el año 2004, en Ghost Ranch, al norte de Nuevo México por un equipo del Museo Americano de Historia Natural y nombrado por el paleontólogo Sterling Nesbitt con el nombre de “Tawa hallae”, en honor de la palabra hopi para el dios del sol “Tawa” con su binomial “hallae” haciendo referencia a la paleontóloga aficionada Ruth Hall, el nuevo descubrimiento ha revelado nuevas pistas sobre cómo los dinosaurios comenzaron a dispersarse por el mundo pero sobre todo, cómo empezaron a dominarlo. Con 214 millones de años de antigüedad, este nuevo dinosaurio probablemente perteneciente al conjunto neoterópodo, compartió su hábitat con otros terópodos primitivos pero más “complejos” que él como el Coelofysis bauri y el Gojirasaurio quayi. Sin embargo, este carnívoro de 2 metros de largo y 70 centímetros de altura está mayormente relacionado con un grupo más distante, no sólo en términos geográficos, sino separado por millones de años de antigüedad. El Tawa está emparentado con los herrerasáuridos, los cuales alguna vez estuvieron bajo la controversia sobre si pertenecían o no al linaje terópodo, quedando ahora definitivamente incluidos en el mismo. Es sabido que este grupo es originario de Sudamérica y que además es uno de los más primitivos de los que se tenga conocimiento, por lo que el Tawa no sólo refuerza la teoría de que los dinosaurios tuvieron su origen en América del Sur, sino también da a conocer que éstos comenzaron a esparcirse a por el mundo a un ritmo bastante rápido. Además, este nuevo terópodo también podría revelar mucho sobre cómo los dinosaurios lograron su éxito durante la Era Mesozoica, tras poblar y conquistar gran parte del planeta durante el período Triásico, lo cual fue uno de los factores que los convirtió en las criaturas dominantes de su época.

¡He aquí al Tawa hallae!




Les dejo aquí el artículo para más detalles: http://www.rionegro.com.ar/diario/2009/12/12/1260584217158.php

La Verdadera Cara del Espinosaurio

Aquellos que hayan visto la película Jurassic Park 3, seguramente recordarán la famosa escena de la lucha entre el Espinosaurio y el T-rex, en la cual, el Espinosaurio sale triunfante al morder a su oponente en el cuello y consecuentemente, doblárselo con sus patas delanteras. Pero, ¿cuál es la realidad? ¿Es el Espinosaurio capaz de hacer eso?
Para responder a estas interrogantes hay que tener en cuenta la estructura ósea de otros terópodos de gran tamaño, sobre todo, de los espinosáuridos, la familia a la que perteneció este carnívoro gigante. Por ejemplo, el Barionyx y el Suchomimus. Ambos presentaban brazos lo suficientemente largos como para manipular alimento pero les faltaba mucha fuerza para realizar maniobras con los mismos, por lo que es muy poco probable que estos dinosaurios aplicaran “llaves de lucha libre” como lo hace el Espinosaurio en Jurassic Park 3. Este mismo patrón se ve en otros dinosaurios como el Allosaurio, el Giganotosaurio y el Carcharodontosaurio. Todos estos poseían brazos esenciales para manipular comida y atacar utilizando sus garras pero les faltaba fuerza y longitud para usar sus extremidades superiores de la manera en que lo hizo el Espinosaurio en la la tercera película de Jurassic Park. Otro factor interesante es la mandíbula. Los espinosáuridos se caracterizan por poseer mandíbulas similares a las de los cocodrilos pero más estrechas, achatadas y alargadas. Éstas cuentan con adaptaciones poco comunes en otros dinosaurios carnívoros. Tenían una inclinación de forma curvada en la parte delantera las mandíbulas superiores, en donde se ubicaban los dientes más largos y eran formidables para atrapar a sus presas sin que éstas escaparan. Por otro lado, la nariz estaba ubicada en la parte posterior del hocico, lo que también los distinguía de otros terópodos. Basándose en la estructura craneal, en los dientes finos y rectos y en la ligera constitución de las mandíbulas de estos dinosaurios, los paleontólogos determinan que los espinosáuridos no podían ejercer suficiente presión mandibular como para derribar a un animal de gran tamaño, por lo que es muy probable que sólo se hayan alimentado de criaturas mucho menores que ellos. Para confirmarlo, se llevó a cabo un estudio basado en la estructura ósea de las mandíbulas del Barionyx. El experimento demostró que el animal no podría usar su boca para atacar presas grandes sin sufrir heridas severas en la misma, del mismo modo que ocurriría con un gavial (una especie de cocodrilo que sólo puede alimentarse de peces y fauna de tamaño menor). Esto dio a conocer que los espinosáuridos poseían una alimentación distinta a la de otros terópodos grandes. Entonces, ¿qué comían?

Nuevamente, el Barionyx nos da la respuesta. Los restos de un Barionyx fueron encontrados con una cantidad considerable de fósiles de peces dentro de la cavidad estomacal del dinosaurio. Este descubrimiento demostró que los peces constituían la mayor fuente de alimentación de los espinosáuridos. Sin embargo, también han surgido pruebas de que su dieta no estaba basada solamente en los mismos. Además de los restos que confirman a los espinosáuridos como piscívoros gigantes, se encontró también un esqueleto casi completo de lo que aparenta ser una cría de Iguanodonte en los restos del Barionyx, lo que indica que el joven herbívoro fue tragado entero por el carnívoro. Además, los fósiles de otro espinosáurido llamado Irritator fueron descubiertos muy cerca de un gran número de fósiles de pterosaurios y más sorprendente aún, se descubrieron restos de una vértebra de pterosaurio con un diente de espinosáurido incrustado, sugiriendo la posibilidad de que este grupo de dinosaurios se haya alimentado de éstos. Estos hallazgos permiten a los expertos deducir que la estructura mandibular de los espinosáuridos era perfecta para capturar animales relativamente limitados en tamaño y fuerza, pero no era lo suficientemente fuerte para abatir animales grandes o que alcancen al menos, la mitad de su tamaño. Esto indica que los espinosáuridos basaban su dieta mayormente en peces y animales pequeños.

Del Espinosaurio sin embargo, no se han obtenido pruebas de la alimentación que pudo haber llevado pero en las cercanías de sus fósiles, se han encontrado restos de cocodrilos, peces y otros animales acuáticos, sugiriendo así, que este carnívoro vivía en las cercanías de cuerpos de agua, por lo cual, es fácil reconocer que el Espinosaurio pudo haber empleado los mismos hábitos que sus primos menores y se alimentaba principalmente de peces y otros animales mucho más pequeños que él que allí se desarrollaban. Del mismo modo, la presencia de fósiles de pterosaurios en los sitios de excavación en donde suelen encontrarse restos de Espinosaurio, da a conocer la probabilidad de que este terópodo pudiera haberse alimentado de éstos de una manera similar a la del Irritator. Basados en estos hallazgos, los científicos determinan que lo que hoy es el desierto del Sahara, durante el Cretáceo medio era un conjunto de llanuras pantanosas y pequeños bosques tropicales, los cuales disfrutaban de un clima cálido y estable durante la mayor parte del año. ¿Cómo es esto posible?

Para contestar esta pregunta debemos viajar a la época del Espinosaurio. A mediados del Cretáceo, lo que es hoy el norte de África colindaba al Oeste con Brasil y al Norte con una pequeña parte de Europa. En ese entonces, el continente estaba un poco más al Sur de donde podemos verlo en los mapas de hoy. Además, se sabe que este lugar tenía acceso a la costa marítima, posiblemente, por el Norte, el Este y el Sudoeste. Esta ubicación geográfica le daba a la parte norte del continente africano un clima cálido, húmedo y frondoso. Entonces, es muy probable que el Espinosaurio, como todo espinosáurido, se alimentara principalmente de peces y fauna acuática y que por lo general, se mantuviera en las cercanías de los cuerpos de agua como los lagos, ríos y playas. ¿Pero qué hay de las presas terrestres?

En el entorno del Espinosaurio existía también un gran número de dinosaurios herbívoros como saurópodos e iguanodóntidos que eran simplemente, demasiado grandes para ser atacados por un carnívoro con una estructura ósea tan estrecha y limitada en fuerza y hasta ahora, no se han encontrado restos de presas más pequeñas que un Ouranosaurio, un iguanodóntido que mide sobre 8 metros de longitud. Sin embargo, es posible que las crías de este ornitisquio formaran parte del menú del Espinosaurio, así como las crías de los demás dinosaurios que vivían en este entorno. Aún así, no podemos olvidar que la alimentación de los espinosáuridos era principalmente, piscívora, por lo que debe haber un factor que explique por qué estos terópodos adoptaron a su vez, una dieta carnívora al habitar en un ecosistema rico en fauna pesquera.

Para explicar esto, cabe destacar que los niveles de oxígeno eran considerablemente más elevados en la Era Mesozoica y que a mediados del período Cretáceo, el continente africano, a pesar de estar ubicado relativamente más al Sur de lo que está hoy en día, aún estaba cerca de la línea del Ecuador, lo que le daba también zonas poco frondosas además de los pantanos tropicales que allí predominaban, y a su vez, podría producir sequías sumamente duraderas. No obstante, los paleontólogos infieren que la “vela dorsal” del Espinosaurio funcionaba como un aparato orgánico de termorregulación corporal que ayudaba al animal a mantener una temperatura adecuada (aunque se sugiere también que pudo haber sido utilizada para atemorizar a sus enemigos, atraer pareja o bien, todas estas funciones). Esto se debe a la presencia de vasos sanguíneos en esta estructura ósea que pudieron haber servido para absorber calor. Además, se han encontrado fósiles de otros dinosaurios que poseían una estructura similar a la vela dorsal del Espinosaurio, los cuales, compartieron su entorno con este carnívoro, lo que fortalece esta explicación. Este hecho permite a los científicos insinuar que el Espinosaurio utilizaba esta adaptación para absorber el calor y regular su temperatura corporal especialmente, durante la sequía. Esto ha llevado a los paleontólogos a considerar que el Espinosaurio pudo haber sido un animal migratorio que recorría grandes distancias durante la sequía, en busca de mejores posibilidades de sobrevivir.

Basados en esta perspectiva, es posible decir que durante las primeras semanas de la estación seca, a medida que los pantanos que se formaban en las llanuras centrales del norte de África se convertían en sabanas secas y poco abundantes en vegetación, el Espinosaurio podría aprovechar la cantidad de peces muertos que quedaban varados en la tierra cuando los ríos y los lagos se secaban antes de que gran parte de la fauna acuática pudiera movilizarse a las zonas más húmedas o cercanas a la costa marítima, como manglares y lagunas costeras, donde los niveles del agua eran más estables. Sin embargo, para un animal con una adaptación que le permitía regular su temperatura corporal, esta migración resultaría más sencilla, por lo que luego de aprovechar los últimos restos, es posible que el Espinosaurio se movilizara a las playas y costas marítimas debido a que los pocos charcos que podían restar, carecerían de los animales que constituían la principal fuente alimenticia del Espinosaurio. No obstante, dicha movilización implicaría cruzarse con las manadas de dinosaurios herbívoros que también se veían obligados a migrar a zonas más exuberantes debido a la escasez de vegetación. Posiblemente, el Espinosaurio daba persecución a estas manadas y se infiltraba en ellas para cazar a los miembros más jóvenes y pequeños hasta llegar a las costas marítimas. Una vez allí, permanecería hasta la los inicios de la estación húmeda, la cual, causaría inestabilidad en la marea, obligando a la fauna marina a moverse a zonas más profundas y a la dulceacuícola a los ríos y lagos centrales, y tras ellos, el Espinosaurio. Por otro lado, es posible que este carnívoro no siempre tuviera que esperar a la sequía para alimentarse de fauna terrestre. Posiblemente, cuando los peces estaban fuera de su alcance y la cría de algún otro dinosaurio andaba descuidada en las cercanías, el Espinosaurio no dudaría en lanzarse a la captura (un comportamiento típico de los cocodrilos como el gavial). Estas estrategias alimenticias también explicarían el fósil del joven Iguanodonte encontrado entre las costillas del Barionyx.


A pesar de todas las adaptaciones que impiden al Espinosaurio abatir presas de gran tamaño, sería imposible que un animal tan grande pudiera sobrevivir alimentándose únicamente de peces y fauna menor, ya que aunque estaría recibiendo una buena cantidad de nutrientes, sería imposible que un animal de semejante tamaño consiguiera una cantidad suficiente de peces como para saciar su enorme apetito, por lo que otro aspecto a considerar es la posibilidad de que el Espinosaurio y el resto de su familia practicaran una dieta carroñera. La carne en descomposición comienza a perder su valor nutricional en un corto período de tiempo pero podría ayudar a un animal a satisfacer su apetito. Al combinar la dieta piscívora con la necrofagia, el Espinosaurio estaría llevando a cabo un balance alimenticio que además de permitirle recibir la nutrición necesaria, también lo ayuda a sentirse satisfecho. Para un espinosáurido, no sería ningún problema alimentarse de animales muertos o bien, ya cazados por otro depredador. En el caso del Espinosaurio, podría hacer uso de su gran tamaño y de igual manera, utilizar su vela dorsal para parecer más grande aún de lo que es y de esta forma, ahuyentar a otros carnívoros que ya estén alimentándose de una carcasa.

En conclusión, podemos afirmar que el Espinosaurio, así como todos los espinosáuridos, poseía una dieta piscívora combinada con una carnívora, algo poco común y quizá, único en los terópodos gigantes. Este animal poseía adaptaciones que le permitían capturar animales ágiles y escurridizos más fácilmente que cualquier dinosaurio carnívoro grande jamás encontrado, y alimentarse de cadáveres de otros dinosaurios. Su estructura mandibular nunca antes vista en otros terópodos era muy eficaz al momento de capturar peces y animales pequeños, así como a la hora de arrancar pequeños trozos de carne de animales muertos y atrapar pterosaurios, y posiblemente, pequeños reptiles marinos. Los músculos de la mandíbula eran perfectos para levantar peces de un poco más de una tonelada de peso, crías de dinosaurios (incluyendo de otros dinosaurios carnívoros) y otros animales pequeños. Sus fosas nasales ubicadas en la parte posterior del hocico, le permitían sumergir gran parte del mismo a una profundidad perfecta para atrapar a un pez, además de ser útil a la hora de devorar una carcasa. La ubicación de la nariz era eficaz en situaciones como estas, en las cuales, sobre saldría de del agua o del cuerpo descompuesto de otra criatura. Su cuello largo y poco robusto, facilitaba a este animal, sumergir la cabeza a la profundidad necesaria para capturar cualquier pez que nade en las cercanías. La garra en el primer dedo de cada pata delantera era ideal para capturar peces o para perforar cadáveres. Con todas estas adaptaciones y características el Espinosaurio estaba diseñado para una dieta que incluía desde peces hasta carroña. Con una dieta tan variada, este carnívoro recibiría los nutrientes necesarios para proporcionar energía a su macizo cuerpo.

Gracias a los nuevos descubrimientos, ahora sabemos que el Espinosaurio, a pesar de ser el dinosaurio carnívoro más grande que se haya encontrado hasta hoy, era en realidad, un cazador especializado y un oportunista cuyas mandíbulas eran demasiado débiles como para abatir animales de gran tamaño, lo cual lo limitaba a alimentarse de criaturas mucho menores que él, desmintiendo la escena en la que lo vemos utilizar su boca y patas delanteras para derribar al joven T-rex en “Jurassic Park 3” y revelándonos “la verdadera cara del Espinosaurio”.

Nuevas Especies Salen a la Luz

Muy buenas, estimados lectores. Hoy me complace traerles una noticia sobre la descripción y nomenclatura de dos nuevas especies de géneros terópodos anteriormente descritos.

Uno de ellos es el Alioramus altai, descubierto en el Desierto de Gobi, Mongolia en el año 2001 por un grupo de expedicionarios del Museo Americano de Historia Natural dirigido por Mark A. Norell y Michael Novacek. Recientemente, el espécimen fue nombrado por el estudiante de paleontología de la Uneversidad de Columbia, Stephen L. Brusatte. A diferencia de su especie hermana, el Alioramus remotus, este ejemplar posee un par de pequeños cuernos en frente de los ojos, similares a algunos de los tiranosáuridos posteriores que habitaron en Norteamérica, como el Gorgosaurio y el Albertosaurio y además es levemente más pequeño que la otra especie. Sin embargo, comparte el mismo “reborde pentálofo” (línea recta de cinco crestas) en la parte superior del cráneo con el anteriormente descubierto A. remotus. No obstante, es posible que ambos especímenes pertenezcan a la misma especie y que las diferencias que éstos presentan sean producto de características particulares entre macho y hembra.

La otra especie es el Nothronychus graffami. Este nuevo descubrimiento pertenece a uno de los grupos más extraños conocidos dentro del linaje terópodo: los terizinosáuridos, una de las pocas familias de terópodos herbívoros, mayormente conocidos en Asia y osiblemente originarios de ese continente. La palabra “Nothronychus” significa perezoso con garras, su binomial graffami le fue dado en honor a su descubridora Merle Graffam, quien encontró el fósil en el estado de Utah. Este espécimen es el tercer fósil de terizinosáurido descubierto en Norteamérica y parece ser además, el más primitivo, no sólo por ser más antiguo que su especie hermana, el Nothronychus mckinleyi, sino porque comparte más características con los terizinosáuridos asiáticos que con el anteriormente mencionado. De hecho, hay quien piensa que esta nueva especie pertenece a un género distinto, más cercano a los ejemplares asiáticos que al N. mckinleyi. Algo sorprendente sobre el descubrimiento de esta nueva especie de Nothronychus es que se halló en rocas marinas, lo que sugiere la posibilidad de que el espécimen haya muerto en una tormenta, siendo arrastrado hacia el mar, por lo que es posible que el animal haya vivido en las cercanías de las costas de Utah, que en aquel entonces era un pantano tropical cercano al mar.

Bueno, eso es todo por ahora.